YFI Moreno Viajes de Autor

Cuaderno de la Curadora

La Sicilia que no cabe en una postal

Una primera lectura del territorio que inaugura YFI Moreno Viajes de Autor: tradición, turismo, identidad y nuevas maneras de habitar una isla que nunca ha dejado de transformarse.

Yfigenia Moreno Aponte · 24 de agosto de 2026 · 7 min de lectura

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Yfigenia Moreno en el aeropuerto con maleta negra, lista para partir

Sicilia es peligrosamente fácil de reducir a una postal.

Un pueblo de piedra frente al Mediterráneo.

Una mesa servida bajo los limoneros.

El Etna recortándose en el horizonte.

Una granita.

Un mercado.

Una Vespa atravesando una calle que parece detenida en el tiempo.

Todo eso existe.

Y todo eso puede ser extraordinariamente hermoso.

Pero mientras investigaba Sicilia para convertirla en el territorio inaugural de YFI Moreno Viajes de Autor, comprendí que había otra isla mucho más interesante detrás de esas imágenes.

Una Sicilia que no está detenida en el pasado. Está negociando constantemente con él.

Y esa es la Sicilia que quiero conocer.

Una isla hecha de capas

Intentar explicar Sicilia desde una sola identidad sería casi una contradicción.

Por esta isla han pasado pueblos, culturas, religiones, imperios y maneras distintas de entender el Mediterráneo.

Cada uno dejó algo.

En la arquitectura.

En las palabras.

En la agricultura.

En los sabores.

En las ciudades.

Incluso en la manera de relacionarse con la tierra.

Por eso Sicilia no se descubre solamente desplazándose de un punto a otro.

Hay que aprender a leer sus capas.

Debajo de una iglesia puede existir otra civilización.

Detrás de una receta aparentemente sencilla pueden esconderse siglos de intercambios culturales.

Un olivar puede hablar de economía, familia y permanencia.

Un mercado puede contar mucho más sobre una ciudad que algunos de sus monumentos.

Y una conversación puede desmontar en diez minutos la idea de Sicilia que habíamos construido desde fuera.

Tradición no significa inmovilidad

Hay una imagen de Sicilia que me interesa especialmente cuestionar.

La de una isla atrapada románticamente en el tiempo.

Porque preservar no significa necesariamente quedarse quieto.

En distintos rincones de Sicilia existen personas intentando responder una pregunta fascinante:

¿cómo conservar aquello que nos define sin convertirlo en una pieza de museo?

Productores que vuelven a mirar variedades antiguas.

Proyectos que encuentran nuevas posibilidades en conocimientos heredados.

Cocineros que interpretan la memoria sin desprenderse de ella.

Artesanos que necesitan encontrar una forma contemporánea de mantener vivos sus oficios.

Mujeres que toman historias familiares y empiezan a escribir con ellas capítulos propios.

Ahí es donde Sicilia comienza a interesarme especialmente.

No solamente en aquello que conserva.

Sino en cómo decide transformarlo.

El territorio también se transforma cuando nosotros llegamos

Hay otra conversación inevitable.

El turismo.

Sicilia seduce.

Y precisamente por eso existe una responsabilidad enorme alrededor de la manera en que nos acercamos a ella.

¿Qué ocurre cuando determinados lugares comienzan a ser consumidos mucho más rápido de lo que pueden ser comprendidos?

¿Qué economías sostenemos cuando viajamos?

¿Quién permanece detrás de la experiencia que nosotros disfrutamos?

¿Puede el turismo ayudar a preservar un territorio en lugar de convertirlo en una representación de sí mismo?

No tengo interés en responder estas preguntas con consignas.

Quiero investigarlas allí.

Hablar con quienes viven el territorio.

Escuchar a quienes producen.

Entrar en proyectos.

Sentarme en mesas.

Observar contradicciones.

Porque una curaduría de territorio, al menos como yo la entiendo, no comienza buscando qué experiencias podemos ofrecerle a un viajero.

Comienza preguntándonos:

¿qué merece ser comprendido de este lugar?

Sicilia Susurrada nació de esa pregunta

Cuando decidí que Sicilia sería la primera edición de YFI Moreno Viajes de Autor, no quería construir un itinerario alrededor de una colección de imprescindibles.

Quería encontrar un hilo.

Y ese hilo apareció precisamente en esta tensión entre memoria y transformación.

La tierra.

La gastronomía.

Los oficios.

La economía que existe detrás de ellos.

La presencia de las mujeres.

Las nuevas maneras de producir.

La relación entre quienes llegan y quienes permanecen.

Y una isla que parece decir constantemente:

para entenderme, tendrás que mirar un poco más despacio.

De allí nace Sicilia Susurrada.

No como una promesa de conocer toda Sicilia —sería absurdo— sino como una selección consciente de historias, personas, lugares y experiencias capaces de abrir pequeñas ventanas hacia ella.

Hay territorios que gritan. Sicilia susurra.

Quizás por eso elegí ese nombre.

Porque lo más interesante de un territorio no siempre está señalizado.

A veces está detrás de una puerta.

En una conversación que se prolonga.

En unas manos trabajando.

En una receta familiar.

En una mujer que decidió hacer las cosas de otra manera.

En alguien que regresó.

En alguien que nunca se fue.

En una tierra que continúa produciendo mientras el mundo alrededor cambia.

Durante los próximos meses, este Cuaderno de la Curadora irá entrando en esas historias.

Quiero investigar cómo conviven turismo y territorio.

Qué significa hablar de sostenibilidad en una isla como Sicilia.

Dónde aparece la economía circular cuando dejamos de pensarla como una palabra de moda.

Qué cuentan sus volcanes, sus olivos y sus mesas.

Y, especialmente, quiénes son las personas que están imaginando nuevas formas de habitarla sin renunciar a su memoria.

Porque antes de invitar a alguien a recorrer un territorio conmigo, necesito hacer algo primero:

escucharlo.

Sicilia ya ha empezado a hablar.

Ahora comienza nuestra tarea de aprender a escucharla.

Yfi Moreno

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