
Era hermoso.
Las fotografías eran impecables.
La ubicación funcionaba.
Las habitaciones tenían esa estética capaz de detener el dedo mientras uno recorre una pantalla.
Sobre el papel, parecía una elección evidente.
Y, sin embargo, decidí no incluirlo.
Hay decisiones dentro de la construcción de un viaje que probablemente el viajero nunca conocerá.
Hoteles descartados.
Restaurantes que estuvieron durante semanas dentro de una ruta y finalmente desaparecieron.
Experiencias magníficas que no encontraron su lugar.
Pueblos a los que decidimos no llegar.
No porque fueran malos.
Precisamente porque seleccionar un viaje de autor no consiste en acumular cosas extraordinarias.
Consiste en comprender cuáles pertenecen realmente a la historia que queremos contar.
Lo bello también puede estar fuera de lugar
Ese hotel tenía prácticamente todo aquello que normalmente asociamos con una gran estancia.
Pero le faltaba algo imposible de encontrar en una ficha técnica.
No conversaba con el territorio.
Podía estar allí o en cualquier otro lugar del Mediterráneo.
Y yo buscaba otra cosa.
Quería que al despertar todavía se sintiera Sicilia.
En los materiales.
En la luz.
En la relación con el paisaje.
En las personas.
Incluso en cierta imperfección.
Porque cuando diseño una travesía no pienso únicamente dónde dormirá alguien.
Pienso qué habrá sentido antes de llegar.
Qué verá al abrir una ventana.
De dónde vendrá.
Hacia dónde irá después.
Y, sobre todo, qué lugar ocupará esa estancia dentro del relato completo del viaje.
Curar también es editar
Existe una parte invisible en cada travesía que me fascina especialmente.
La edición.
Es parecida a la escritura.
Primero aparecen muchas posibilidades.
Después comienza el trabajo difícil: quitar.
Una parada puede ser extraordinaria y, aun así, romper el ritmo.
Una experiencia puede ser fascinante y resultar excesiva después de un día emocionalmente intenso.
Un hotel puede ser perfecto individualmente y no pertenecer al viaje.
Entonces hay que dejarlo fuera.
Y quizá esta sea una de las diferencias más profundas entre organizar y curar.
Organizar pregunta:
¿Qué podemos hacer?
Curar pregunta:
¿Qué merece permanecer?
También diseño lo que no sucederá
Cuando una persona recibe un itinerario terminado ve aquello que finalmente fue elegido.
Nunca ve todas las posibilidades que quedaron atrás.
Y, sin embargo, esas ausencias también forman parte del viaje.
Porque proteger una mañana libre puede ser tan importante como seleccionar una visita.
Elegir una pequeña mesa familiar en lugar del restaurante más fotografiado puede transformar una jornada.
Dormir en un lugar que conserva relación con su territorio puede hacer que Sicilia continúe incluso después de cerrar la puerta de la habitación.
Curar significa tomar decisiones.
A veces inesperadas.
A veces poco evidentes.
Y muchas veces silenciosas.
Viajar con una intención
No me interesa construir viajes donde todo sea extraordinario todo el tiempo.
Me interesa que exista ritmo.
Contraste.
Tiempo.
Territorio.
Personas.
Silencios.
Y momentos capaces de permanecer después del regreso.
Por eso aquel hotel hermoso no entró en la travesía.
No había nada malo en él.
Simplemente pertenecía a otra historia.
Y aprender a reconocer esa diferencia es, probablemente, una de las partes que más disfruto de ser curadora de viajes.
Soy Yfigenia Moreno Aponte y esto es YFI Moreno Viajes de Autor. No diseñamos itinerarios para recorrer más. Diseñamos travesías para sentir mejor un territorio.
Yfigenia Moreno Aponte · YFI Moreno Viajes de Autor
